viernes, 19 de abril de 2013


Fotografiar a un cargo público en la calle es sumamente peligroso si se trata del Director General de la Policía. De nada vale estar acreditado, tener el chaleco identificativo, estar asociado a la Asociación Nacional de Informadores Gráficos de Prensa y TV (ANIGP-TV) ni la Constitución Española y su Artículo 20 si está Ignacio Cosidó por medio.

Una chica con casco y montada en moto me dedica una peineta cuando la pregunto si puedo fotografiarla con su amiga.

No es lo que parece, una mano anónima  que vuela para evitar fotografiar el beso de una pareja amiga. Es el punto de vista, la composición y la pericia del fotógrafo lo que hace que parezca lo que no es. En toda fotografía siempre hay una parte de mentira o de ilusión, un elemento de ruptura con la lógica de los hechos.

Un bombero que está sofocando el incendio de un contenedor de basura en la vía pública se acerca y me pide que no haga más fotos.

Un indignado del 15 M se cubre la cabeza con una sartén para evitar ser fotografiado en una de las caceroladas del movimiento.

Un médico se manifiesta en una de las numerosas mareas blancas en defensa de la Sanidad Pública y cuando llega a la Puerta del Sol se da cuenta que está siendo fotografiado y siente miedo, no quiere ser reconocido.